El síndrome del niño rico

Muchas veces creemos que no estamos haciendo lo necesario por nuestros hijos o alumnos, hasta el punto de convertirse en un ‘vicio’ el hecho de estar pendientes de casi cualquier detalle que se pueda mejorar. Esta actitud, que a priori da a entender que somos unos padres muy responsables, tiene un lado oculto: puede convertir a nuestro hijo en una persona sumamente exigente (para éste tema ver el post Estilos educativos (I): la sobreprotección en el que hablamos sobre el Síndrome del emperador). Sin embargo, hay un estadio intermedio antes de alcanzar dicho síndrome y es el que vamos a analizar brevemente en este post: el Síndrome del niño rico.

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Cómo medir el éxito de la educación (sin exámenes o controles)

Hace un par de días, me comentaban unos vecinos del barrio que el tutor de su hijo de 7 años les había recomendado hacer repetir curso al chaval por ‘no estar a la altura’ de las exigencias del currículo. Como es lógico, los padres estaban preocupados, ya que consideran que la vida de su hijo es muy sana, llena de buenos hábitos, socialización, buena alimentación y descanso, junto con una dedicación de estudio más que adecuadas para su edad. Esto me llevo a plantearme la siguiente pregunta: ¿qué está fallando? ¿Qué obstáculos o dificultades pueden darse en una situación como esta?

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Sobre el desarrollo moral en niños y adultos: Kohlberg

En este post voy a revisar una de las teorías sobre el desarrollo moral más sencillas, pero no por ello menos acertada, sobre cómo se va desarrollando la conciencia moral en las personas a través de su paso por la vida. Estoy hablando de la Teoría del Desarrollo Moral de Lawrence Kohlberg.

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El taller socrático en Educación Primaria

sócratesPara la vuelta a las prácticas he estado preparando durante estas vacaciones de Navidad una serie de talleres para estimular el debate y la argumentación en clase. He decidido llamar a esta serie de actividades ‘talleres socráticos’ puesto que tienen por objetivo que los alumnos razonen sobre qué decisiones tomarían en las situaciones que les planteo.

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¿Debo creer todo lo que mi hijo me dice?

En más de una ocasión he podido presenciar alguna que otra conversación de ‘puerta de colegio’  sobre el tema de si los niños están o no a gusto en clase. Por norma general, y si no me crees haz la prueba, casi cualquier niña y niño te responderá que no le gusta ir a clase. Los motivos que te pueda dar son muy diversos y dispares, especialmente si tu hijo o hija está ya en Primaria habiendo ya descubierto el poder de la imaginación y de las palabras, pero los motivos reales son muchos más ‘profundos’ y se necesitan grandes y prolongados periodos de observación de conductas, detalles que te den información oculta y, sobre todo, mucha paciencia durante todo el proceso por parte de los padres y/o tutores, para que al final descubras algo muy próximo a lo que ya intuías de buen principio: mi hijo no le gusta ir al colegio porque hay otras cosas en su vida que encuentra más divertidas y prefiere dedicarse a ellas. En otras palabras, que no te puedes fiar demasiado si tu hijo te dice que se aburre en el colegio o que no le gusta la clase que le ha tocado. La mayoría de las veces son solo pequeñas escusas para justificar un mal comportamiento o el simple hecho de no tener ganas de hacer los deberes porque sabe que después los corrigen en clase.

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