El síndrome del niño rico

Muchas veces creemos que no estamos haciendo lo necesario por nuestros hijos o alumnos, hasta el punto de convertirse en un ‘vicio’ el hecho de estar pendientes de casi cualquier detalle que se pueda mejorar. Esta actitud, que a priori da a entender que somos unos padres muy responsables, tiene un lado oculto: puede convertir a nuestro hijo en una persona sumamente exigente (para éste tema ver el post Estilos educativos (I): la sobreprotección en el que hablamos sobre el Síndrome del emperador). Sin embargo, hay un estadio intermedio antes de alcanzar dicho síndrome y es el que vamos a analizar brevemente en este post: el Síndrome del niño rico.

En primer lugar hemos de dejar muy claro que este síndrome no tiene relación alguna con el nivel socioeconómico – aunque sí que es cierto que suele darse con mayor facilidad en las clases sociales de niveles económicos medio y alto -, es decir, es un aspecto más relacionado con la conducta que con lo económico.

Se trata de una creencia, de una costumbre, de un hábito mental que se crea durante la etapa de la infancia y posteriormente se acaba desarrollando en la adolescencia.

 

Dicho hábito es el de la creencia que se puede obtener todo con tan solo pedirlo.

Consecuencias

Su lado más oscuro es cuando el niño o niña aprende a justificar lo que desea amparándose en la idea de que se trata de una necesidad y no de un capricho. Este hecho permite elaborar una personalidad manipuladora que cada vez se perfecciona más y más hasta ser un auténtico as de las justificaciones.

Cómo se detecta

Para detectar la creación de éste hábito basta con estar atentos a las necesidades de la niña o niño para poder estar seguros de poder discriminar entre qué demandas son realmente una necesidad y cuales son simplemente un capricho o un apego psicológico. Por ejemplo, muchas veces el niño no es capaz de ponerse a estudiar si no tiene todo cuanto desea sobre la mesa, aunque todo aquello que quiere no sea necesario para poder llevar a cabo la sesión de estudio. Estas pequeñas ‘manias’ se acaban convirtiendo en apegos que psicológicamente actúan como limitantes, es decir, si no se dan las condiciones A no se puede llevar a cabo la acción B. Es aquí en donde empieza a formarse el síndrome: necesito de muchos recursos para poder afrontar aquello que me veo obligado a tener que hacer, y en el caso de no tenerlo disponible, paso a la inacción, me instalo en la queja o simplemente no mi importa.

También podemos observar otros síntomas como por ejemplo:

  • Poca cultura del esfuerzo
  • Todo se soluciona contratando un servicio
  • Muy exigente con los demás, sin embargo muy condescendiente consigo mismo
  • Ego muy alto (soy el mejor, el más listo, el más bueno, etc.)
  • Preocupados por las apariencias (especialmente por la imagen personal y la conducta superficial)

Cómo se remedia

Cada niña y niño es un mundo, por ello hay que observar detenidamente las pautas de comportamiento y no dejarse llevar por sentimentalismos en el momento de responder a la siguiente pregunta: ¿tiene realmente todo lo necesario? Lo necesario es lo imprescindible, aquello con lo que realmente puede ejecutar el propósito. Por lo tanto, todo lo accesorio es mejor eliminarlo progresivamente hasta que el niño comprenda que depende de sus capacidades más que de sus recursos.

En conclusión, como todo hábito, lo mejor es detectar las pautas e ir redirigiendo los comportamientos hacia otros que permitan al niño o niña reflexionar sobre sus capacidades.

La idea es que con poco se puede hacer mucho, ya que depende más de la voluntad, del desarrollo de la inteligencia y de la constancia que no de los recursos materiales que se dispongan.

También hay que tener en cuenta que la falta de un recurso puede convertirse en un aliciente: si por ejemplo, como alumno o hijo necesito un ordenador, voy ha ganármelo día a día demostrando que lo necesito por el estudio o trabajo que hago y no porque simplemente lo pida justificando que es imprescindible para seguir avanzando. El mismo criterio se puede aplicar con incontables ejemplos. ¿Os habéis parado a pensar sobre qué le diréis o qué le habéis dicho a vuestros hijos cuando estos os pidan u os hayan pedido un móvil?

 

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