Lideratge ètic – Francesc Torralba

leISBN: 978-8416139910 – Acabado de leer el 7 de agosto de 2016

Puntuación personal: 8/10

¿Se puede gobernar un proyecto hacia el éxito sin tener en cuenta ningún tipo de ética? En caso afirmativo, todo líder prudente debe plantearse qué consecuencias puede tener, tanto a corto como a medio y largo plazo, el utilizar a las personas como medios y no como finalidades en sí mismas. La sociedad actual se caracteriza por la fatiga y el desánimo a la vez que reclama nuevos líderes que sean capaces de poder revertir la situación a términos más positivos y beneficiosos para todos. Sin embargo, no parece que nadie este dispuesto a tomar las responsabilidad de liderar un proyecto con todas los sacrificios que implica y los riesgos en los que muchas personas se ven obligados a tener que afrontar. En esta obra, Torralba realiza una disección de cómo un tipo de liderazgo acarrea unas consecuencias ineludibles, ya sea para bien como para mal.

Mis notas

La idea central de esta obra es cuestionar si un liderazgo sin ética – es decir, aquel que no considera más razón de ser que la de garantizar el éxito de una organización o proyecto anteponiendo, si es necesario, los intereses puramente económicos o de éxito corporativo a los intereses humanos – es realmente una opción de futuro o si, por el contrario, estamos ante un cambio de paradigma en que lo humano se antepone a lo económico.

Torralba empieza su obra realizando una taxonomía muy eficaz del modus operandi  de los líderes actuales, también conocidos como los nuevos cínicos. El líder sin escrúpulos es un individuo que no cree en nada más allá del éxito, la riqueza y del bienestar personal y de los suyos. En otras palabras, para él no hay nada que merezca ni una sola lágrima, ni una sola gota de sudor, a no ser que afecte a sus propios intereses personales. Sin embargo, de cara a la galería, su discurso de canto de sirenas incluye un sin fin de referencias a la necesidad de actuar por el bien de todos, ensalzando incluso la bandera de la responsabilidad, la solidaridad y el respeto, cuando de hecho, ni él mismo se lo cree. Pero para que este discurso resulte eficaz, éste ha de ser creíble, y precisamente lo que mejor caracteriza a nuestro líder cínico es su capacidad de creerse en público, hasta las últimas consecuencias, el papel que representa: los valores éticos, cuestiones de identidad, de unión, de no-violencia, diversidad cultural, etc. son los principales ingredientes de una farsa que, de ser descubierta, le supone tomar dos caminos posibles: el de la resistencia, es decir, negar que todas sus acusaciones sean ciertas y que éstas forman parte de una campaña de descrédito contra su figura; o bien la de reconocer lo que ha hecho y dejar la escena en donde solía representar tal burdo papel.

Por otra parte, las personas que necesitan ser lideradas, aquellas que reclaman un camino claro y previsible, hace ya tiempo que iniciaron un largo camino hacia la desconfianza que genera el hecho de poner expectativas en todo aquel que asuma el timón del barco. En otras palabras, se ha creado una nueva creencia, con cada vez más adeptos, que piensa en primer término que aquel que asume el liderazgo de alguna empresa no lo haga exclusivamente por motivos de beneficio propio aprovechándose de los demás.

A la par que se reclaman nuevos líderes para afrontar los nuevos retos que plantea una sociedad global cada vez más compleja, también se asume que el conjunto de la sociedad adopta un papel de mero espectador focalizado en encontrar alguna que otra pista que le permita desmitificar a ese ‘falso’ líder y hacer así escarnio con él. Es como un juego siniestro en el que puntúas cada vez que destapas algún desaprensivo que estava jugando con las ilusiones, incluso con la vida, de las gentes, aunque en ellas él no se vea ni tan solo reflejado. Éste es, sin lugar a dudas, un problema endémico de las sociedades actuales, ya que no solo estamos hablando en términos de la esfera política, sino de aquellas personas que aspiran a liderar compañías, proyectos de cualquier índole o incluso realizar actividades solidarias. Todo el mundo espera atento a que ‘alguien’ cometa un error para acusarle de sus falsas intenciones. Esto pone en un serio apuro a aquellas personas que realmente sí se sienten comprometidas con llevar a cabo cambios de calado, ya que a la mínima que se equivoquen serán duramente recriminados. Por tanto, la situación es que cada vez es más difícil encontrar personas válidas que quieran asumir responsabilidades en el liderazgo organizacional de las piezas claves de la economía de la sociedad actual.