En el principio era el sentido – Viktor E. Frankl

principio_sentidoISBN:978-9688534687  – Acabado de leer el 19 de junio de 2016

Puntuación personal: 8/10

El principal mal de la existencia del ser humano es no encontrarle sentido a dicha existencia. Además, no existe un sentido universal válido para toda persona, ni tampoco nadie puede proporcionarlo a otra persona sin más, sino que cada individuo debe de encontrar su propio sentido particular de lo que significa su propia existencia.

 

Mis notas

Este libro se encuentra dividido en cuatro capítulos (apartados): los dos primeros son la transcripción de la entrevista que Franz Kreuzer le hizo a Viktor E. Frankl el 11 de enero de 1980, en donde la temática central se centra en responder a la pregunta de por qué el ser humano tiene necesidad de sentido. El tercer capítulo es la transcripción de una ponencia de Frankl sobre la obstinación de la mente – y de la cual no hay fecha en la edición que tuve la oportunidad de leer. Finalmente, el último capítulo – al igual que en El hombre en busca de sentido- es una breve introducción al concepto de qué es y qué no es logoterápia y de qué tratan los métodos de la inversión paradójica y la  desrealización (el primero como forma de superar una determinada neurosis a través de la afirmación consciente de la misma y el segundo como método eficaz para poder vivir el presente aquí y ahora mediante el hecho de entregarse a un deber o a otra persona mediante el amor).

La frase central de la obra es la siguiente: (pág. 84) Ser persona no significa nunca tener que se sólo así y nada más, sino que es poder ser siempre de otra manera.

Uno de los grandes errores en la interpretación de qué es ser feliz radica precisamente en el hecho de buscarla como si de una meta se tratara. Sin embargo, la felicidad no es algo que se pueda plantear como un objetivo a conseguir, sino más bien como un efecto secundario de perseguir un ideal. Una posible hoja de ruta, tal como propone Frankl sería que a partir de la integración de la vida interior pasaríamos a la autorealización y, de ésta, a la felicidad. La síntesis que explicaria dicha teoría es que el ser humano realmente no busca la felicidad, sino un motivo para ser feliz […] si tienes un motivo, la felicidad llega por sí sola (pág. 72).

En relación a los valores, Frankl argumenta en su entrevista con Franz Kreuzer que ni la tradición, ni tan solo nuestros propios padres pueden saber qué clase de deberes o situaciones concretas son las que se conciben como las más adecuadas para entender la realidad que se abre ante los más jóvenes. Siendo cierto que algunas virtudes como la honestidad y la responsabilidad (entre otras) conservan gran parte de su valor generación tras generación, no deja de ser cierto tampoco que cada nueva etapa en la humanidad puede reformular dichos valores en relación a las características contextuales y de los hecho historico-sociales que en ellas se formulan. En tales circunstancias, la tradición puede verse cada vez más reducida a una cuestión de recuerdo o de conmemoración más que cómo un símbolo identitario apto para dar sentido. Dicho de otra forma: la tradición es transmisora de valores, pero también lo es de aquel imaginario que permite a una comunidad entender el rol social que a cada miembro le es reconocido. Sin embargo, en ausencia de tradición, o en un debilitamiento extenuante de la misma, me lleva a pensar si ciertos valores son o no susceptibles de ser transmitidos, a la vez que reformulados o puestos al día a traves de la institución escolar: es decir,  ¿sobre qué valores podemos sustentar la educación actual y en qué medida la escuela reformula dichos valores para adecuarlos al nuevo contexto social en el que viven y se desarrollan sus alumnos? ¿Debe la escuela hacerse responsable de esta tradición? ¿Hasta que punto?

Por otra parte, en relación a la ciencia y la tecnología, Frankl parafrasea a Schröndinger y Einstein en tanto que la ciencia no puede dar ningún sentido ni ningún objetivo. […] la técnica [en sí misma] nunca podrá dar un propósito […] por eso la gente retrocede ante el racionalimo, la técnica y la ciencia. En relación a esta afirmación, Frankl señala que se hace necesario ir más allá de la razón: nuestros esfuerzo se deben dirigir al transrazonalismo; la ciencia no puede solucionar los problemas de la vida.

Una de las citas clave de esta obra de Frankl, en relación a la necesidad de sentido, es la que hace referencia a por qué las personas son infelices: (pág: 40-41) la gente es más infeliz en la sociedad del Estado del bienestar […] la sociedad actual aspira a satisfacer sus necesidades, e incluso a crearlas. Pero hay una necesidad, que es la principal necesidad humana, que queda frustrada, obviada por la sociedad: la necesidad de sentido. […] En otras palabras: el relativo bienestar material está acompañado de un empobrecimiento existencial.

También es necesario señalar que, tal y como argumenta Frankl, la voluntad de sentido está profundamente arraigada al ser humano, tanto que no se puede entender la existencia del mismo sin la existencia de un propósito para esa vida. Dicho sentido, tal y como ya hemos mencionada más arriba, puede nacer a partir de casi cualquier experiencia o situación personal en donde la clave de interpretación para comprender dicho sentido permite transformar una tragedia personal en un triunfo humano.

(Pág: 45) Sólo allí donde justamente seamos incapaces de cambiar la situación, nos sentiremos llamados a modificarnos, a cambiar nuestra propia posición y a dar testimonio con este cambio de aquello de lo que le hombre es capaz.

En relación a la realidad, Frankl está de acuerdo sobre la existencia de una cara interior y una cara exterior de la realidad experimentada por cada individuo. Recordando a Gustav Theodor Fechner (s. XIX) y su teoría de la psicofísica, la realidad tiene un anverso y un reverso en donde el hombre es capaz de arroparse en una y otra según los acontecimientos que le toque vivir. También nombra a Wittgenstein para reforzar dicha afirmación de las caras de la realidad: según Wittgenstein, debemos excluir de los asuntos científicos cuestiones como la ética, la estética y la religión, pero en cuanto a la temática del sentido, Wittgenstein afirma que pertenece a ese mundo sobre el cual hemos de permanecer en silencio (el otro mundo, aquel sobre el que sí se puede hablar, es el mundo que se explica a partir de ciencia). Esto se debe a que el sentido de las cosas, y en especial el de la vida, está más allá del mundo empírico.

Otro aspecto a tener en especial consideración y que, además, es una de las claves interpretativas de la condición humana, es la necesidad del ser humano de la autotranscendencia. Es necesidad puesto que es esencial en la vida de todo ser humano el hecho de que haya algo más en su vida que no sea él mismo. De forma intuitiva, este hecho es muy probable que sea el promotor de la creación de las religiones, a través de las cuales se crea una sentido uniforme entorno a la comunidad que la profesa: la religión da un sentido a la vida, y este sentido se ve reforzado por la aceptación del colectivo que mutuamente se influyen creando un imaginario de creencias y una serie de tradiciones.

Sobre el presente y el pasado, Frankl advierte que todo aquello que se vive (creencias, sufrimientos, experiencias, …) se integra en nuestro pasado particular como una cosa que se hace de una vez y para siempre. Este hecho es importante en tanto al significado de la transcendencia personal, ya que al mirar al pasado el individuo observa en la distancia que aquello que quiso hacer fue hecho. No hay que confundir esto con los aspectos más oscuro del aferramiento al pasado: Frankl se refiere a que los sueños y las esperanzas, si se pueden materializar, deben ser llevados a término ya que posibilitan la realización personal que en tanto necesidad humana necesita ser saciada. Sin embargo, tampoco hay que confundir la acció estéril de ‘hacerlo todo’ con el objetivo de no dejarse nada, puesto que las principales acciones de valor en la vida de una persona suelen ser más bien pocas: en el orden de la transcendencia importa más el valor personal de las acciones realizadas que no la cantidad de estas, luego el activismo estéril no conlleva a nada más que a lo contrario: una pérdida de control del rumbo de la vida del propio individuo en aras del hacerlo todo (el hacer por hacer o el acaparar acción); (pág. 77) si veo una posibilidad de sentido y la hago realidad realizando mi sentido, habré cobijado esta posibilidad en el ser pasado […]  todo lo que hagamos, creamos, vivamos y suframos con coraje y honestidad, lo habremos hecho de una vez para siempre.

En tanto a las dificultades y el sentido de la vida, Frankl explica una forma de afrontar la vida en la que me veo muy identificado y por eso quiero tenerla presente siempre al revisar estas notas: (pág. 84) llegó la inflación y la crisis económica mundial, pero para mí los problemas económicos y financieros nunca supusieron un obstáculo. El dinero que me hacía falta para comprar libro los ganaba dando clases particulares. Y aún hoy mantengo la misma postura: para una persona sensata, el hecho de poseer dinero sólo puede tener un sentido, y es el de poder permitirse no tener que pensar en el dinero.

Dichas dificultades se pueden afrontar desde diferentes posturas y actitudes, pero Frankl recuerda la reflexión que hizo Harvey Cusling en tanto a que la única forma de resistir los embates de la vida es teniendo siempre un deber que cumplir (no confundirlo con una obligación impuesta contra la voluntad, aunque dicha obligación el propio individuo se la pueda hacer suya, ya que al no nacer de su yo particular, esta puede desaparecer y con ella el sentido que emanaba).

En resumen, y en palabras del propio Frankl, el hombre sin sentido, ni sabe lo que debe hacer, ni tiene nada que lo guíe, y desconoce completamente lo que de verdad desea. Por ello, aunque sea ese sentido de la vida una cuestión muy íntima, muy personal, ese sentido debe existir en toda persona para poder guiar nuestros pasos hacia un destino concreto y no caer en una deriva existencial de la cual solo podamos obtener miseria.

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