Una forma de relajarse en clase después del recreo

Una de las cosas que más me preocupa cuando estoy ante mis alumnos es poder precisar el grado de atención que pueden tener después de esa vorágine necesaria llamada recreo. Casi todos suben excitados, con la mente muy dispersa debido a la cantidad de interacciones que han llevado a cabo. Sin embargo, es necesario para ellos esa media hora de descontrol y desfogue, puesto que la liberación de energía acumulada durante las dos primeras horas de clase lo requiere.

Pero también es cierto que es importante volver a la calma, a volver a centrarse para poder entrar en un estado de más atención y concentración. Sí que es cierto que el diseño del horario de clase junto con el planteamiento de las sesiones considerando cuáles són antes y cuáles son después del patio va a resultar casi decisivo en cómo los alumnos van a enfrentarse a la última clase de la mañana de los colegios que no hace la sexta hora.

Es por todo esto que una técnica sencilla de llevar a cabo, y que realmente te recomiendo que alguna vez la pruebes, es la que yo he bautizado como relajación para la vuelta a la calma (el nombre se lo he puesto yo aunque la técnica es muy común y utilizada en muchos contextos, no únicamente el escolar). Consiste en que una vez están todos los alumnos sentados, estos crucen los brazos encima de la mesa y apoyen su cabeza en ellos con los ojos cerrados durante 5-10 minutos y en total silencio. Yo suelo poner música relajante en la PDI a un volumen suave. En YouTube hay miles de clips con música relajante de todo tipo, incluso puedes utilizar el canto de algún ave, como por ejemplo la de un canario, o bien algún tipo de elemento natural como el caer del agua en una cascada, la lluvia, etc.

Notarás que los alumnos se relajan al cabo de unos 2-3 minutos. Lo podrás notar en el ambiente de clase, ya que no oirás ni vocecillas ni a nadie levantar la cabeza. Incluso te sabrá mal interrumpir el periodo de relax para comenzar la clase, ya que raramente se les puede ver tan quietos aparte de cuando duermen.

En conclusión, puedes utilizar muchas variantes sobre esta idea base y llamarla como quieras. Puedes utilizar música propia, con instrumentos reales como un cuenco tibetano, una kalimba africana o incluso una pequeña arpa o lira. En este sentido es cuestión de utilizar la imaginación y intentar estar siempre pendiente de qué recursos funcionan mejor con tu grupo y adaptarte a sus necesidades (no que ellos se adapten a tus posibilidades). Podrás comprovar que la sesión se desarrolla com mucha más calma, silencio y concentración, cosa que tanto ellos como tú mismo/a agradecerás al cabo del tiempo.

Si alguno de vosotros utiliza cualquier otra técnica, sentiros libres de compartirla en los comentarios de este post.

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