Cómo hacer preguntas que tienen en cuenta la educación emocional

Como muchos de vosotros/as ya sabréis, la educación emocional debe de ser concebida y practicada como un trabajo del día a día, donde los resultados se observan a largo plazo gracias a la constancia, el esfuerzo y, sobre todo, mediante el ejemplo.

En otras ocasiones hemos hablado de la importancia de ser congruentes entre aquello que decimos, pensamos y hacemos, puesto que los niños y niñas son como ‘detectores’ de comportamientos contradictorios, y muy especialmente en los adultos. Es por ello que muchas veces hemos de andarnos con cuidado con qué decimos, cuándo lo decimos y especialmente cómo lo decimos.

Es por ello que hoy vamos a analizar cómo deberíamos formular las preguntas a nuestros hijos – aunque esto también es completamente válido a cómo lo haríamos con nuestros alumnos en clase – ya que hay que ser conscientes de cómo una pregunta puede ayudarnos a trabajar la educación emocional con los más pequeños. De la misma forma, también vamos a revisar qué preguntas debemos evitar y cómo reformularlas para evitar el coste emocional negativo que pueden provocar y, además, obtener una información realmente valiosa que tiene en cuenta la perspectiva de la niña o niño.

En primer lugar hay que dejar claro que fundamentalmente existen tres tipos de familias de preguntas: las abiertas, las cerradas y las cargadas o  implícitas. Nosotros debemos centrarnos en las preguntas abiertas y tratar de evitar las cerradas y las implícitas. ¿Por qué? Vamos a revisarlo.

Preguntas abiertas: son aquellas que invitan a la reflexión para que el niño busque en su interior la respuesta o los motivos que originan la misma. Son las que por lo general nos dan más información del tipo feedback emocional, ya que a parte de que el niño conteste con más o menos precisión a la pregunta, habrá más tiempo para poder observar su respuesta, sus matices y su lenguaje no verbal. Sin embargo, como apunte adicional, es muy importante que evites utilizar el por qué, ya que este tipo de preguntas, aunque aparentan ser abiertas, realmente llevan implícita una crítica, lo que provoca que el niño o alumno se ponga a la defensiva evitando que podamos trabajar nada a nivel emocional. Como consejo personal, es mejor utilizar siempre quécuándocómo en lugar de por qué. Algunos ejemplos de este tipo de preguntas son los siguientes:

  • ¿Qué motivos han provocado que llegues tardar a clase? (muestras interés por la situación que ha llevado al alumno a llegar tarde a clase, en cambio, si preguntas ¿Por qué has llegado tarde a clase? realmente le estás inquiriendo, adjudicándole toda la responsabilidad o culpa de ello al alumno sin tener en cuenta ni la situación ni el contexto)
  • ¿Cuando tienes previsto ordenar tu escritorio/pupitre? (muestras el hecho que sabes que lo va a hacer, que cuentas con él o ella, sin embargo, si le preguntas ¿Cuándo vas a ordenar tu escritorio/pupitre? o ¿Por qué no lo has ordenado todavía? lo que muestras es desconfianza e impaciencia respectivamente sobre si va ha hacer o no esta tarea)
  • ¿Cómo has planificado el trabajo del fin de semana? (das a entender que ya lo tiene pensado o incluso hecho. Sin embargo, si lo dices así: ¿Para cuándo te vas a poner con los deberes? lo único que conseguiremos es que nos den excusas.

Preguntas cerradas: este tipo de preguntas sólo esperan una respuesta corta o bien dicotómica (es decir, esperas respuestas del tipo ‘sí’ o ‘no’). Con frecuencia suelen tener connotaciones inquisitivas y, por tanto, son desmotivantes. Tampoco nos van a dar demasiada información para trabajar con las emociones, ya sea porque el niño esté muy contento o esté muy enfadado o triste: sólo se limitará a contestar ‘sí’ o  ‘no’ (o ‘depende’ si se trata de un adolescente). Además, podemos formular preguntas cerradas muy generales, con lo que tampoco obtendremos una respuesta con información significativa. Algunos ejemplos de este tipo de preguntas son:

  • ¿Cómo va todo? (por lo general la respuesta será ‘bien’ o ‘no sé’, con lo que de la última se deduce que algo va mal pero no sabemos ni el qué ni los motivos de dicha situación).
  • ¿Se ha entendido? ¿Lo has entendido? ¿Tienes alguna duda? (al igual que en el caso anterior, no suelen ser contestadas de forma extensa, sino más bien con ‘sí’ o ‘no’ ya que son coercitivas)
  • ¿Te gusta el cole? ¿Te gusta tu clase? (al igual que en los casos anteriores, la respuesta puede ser muy limitada y, por tanto, con pocas posibilidades de trabajar las emociones, sólo serviría para intuir si algo va bien o mal pero no para liberar miedos, tensiones, etc. mediante el diálogo).

Preguntas cargadas o preguntas implícitas: en mi opinión éstas son las peores, puesto que condicionan las respuestas del interlocutor, en nuestro caso, de nuestros hijos o alumnos. Son preguntas en las que ya se da por sabido, de antemano, qué respuesta se espera oír. Lo que realmente muestran estas preguntas son desconfianza ante las posibilidades de razonamiento del niño, es decir, que no tenemos demasiadas expectativas sobre si dará una respuesta satisfactoria o convincente y, por tanto, ya le estamos induciendo hacia a dónde debe dirigir su razonamiento. En otras palabras, dan por hecho algo que se supone evidente y dejan al niño con un sentimiento de culpa e impotencia provocando con el tiempo la apatía y el síndrome de la indefensión aprendida.

Algunos ejemplos de este tipo de preguntas són:

  • ¿Pero como no te das cuenta de … ?
  • ¿Seguro que ésto se hace así?
  • ¿Otra vez necesitas ir al servicio? 
  • ¿Cómo iba a ser de otra manera?
  • ¿Hasta cuando vas a seguir cogiendo el lápiz así?
  • ¿Seguro que no queda la menor duda?

En conclusión, las preguntas son una herramienta muy poderosa para poder trabajar de forma continuada las emociones, invitando al niño a abrirse al mundo, a explicar su punto de vista y a formularse él o ella nuevas preguntas. Todo esto lo podemos incentivar a partir de las preguntas abiertas, que son aquellas en las que se refleja e inscribe nuestra preocupación por el niño/a o alumnos invitándolos a la reflexión, la participación y al diálogo. A partir de esta interacción podremos saber mucho más acerca de cómo se encuentran, qué cosas se pueden mejorar, qué les preocupa, etc.

Espero que este post pueda contribuir a poder facilitar un poquito más el acceso a esa educación en emociones que tanto reclamamos en los tiempos que corren. Como siempre, todos vuestros comentarios y experiencias son bien recibidos.

 

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