Sobre la actitud

De las muchas cosas con las que me quedaría si me fuera a vivir a una isla desierta, una de ellas sería, de lejos, la actitud con la que afronto tanto las alegrías como las tristezas de la vida. Sea como sea, muchas veces es la actitud la que nos salva de los mayores peligros que puede padecer una persona: olvidarse que es humano, olvidarse de sí mismo y, por ende, de los demás.

Si eres docente, o piensas en serlo, ni se te ocurra elegir esta profesión únicamente bajo criterios profesionales. Desde mi punto de vista y experiencia personal, debes dedicarte a la docencia únicamente por la virtud de ejercer un trabajo volcado a tus alumnos. Ésto no quita el hecho que tengas que ganarte la vida para poder subsistir, pero de ningún modo te veas de docente como alternativa a otros trabajos que quizás te gusten menos.

Cada vez que te enfadas, te disgustas, te llevas algún problema a casa o simplemente piensas en cambiar de lugar, lo que realmente te estás diciendo a ti mismo (en clave natural) es que en ese instante sólo piensas en ti mismo; que en ese momento olvidas los problemas que pueden tener tus alumnos cada uno en su casa, en sus vidas, con o sin sus familias. Solo ves tus anhelos, tus deseos y tus formas de ver la realidad, olvidando lo más importante de tu labor docente: centrarte en tus alumnos.

Quizás sea de vital importancia recordarnos más de una vez por qué elegimos ser docentes y no otra cosa. Quizás sea mucho más importante conocernos a nosotros mismos que acumular cursillos, másters y títulos universitarios en nuestro ya abultado currículum. ¿Qué hay de la ligereza, de la frescura de ideas que da el hecho de no tener pre-concepciones acerca de algo? ¿Cómo se puede ser un maestro o maestra comprometido con tu trabajo si siempre has de estar pendiente de gestiones administrativas, títulos, oposiciones y otros trámites y luchas?

Yo últimamente veo burocracia, burocracia y más burocracia, hasta tal punto que pienso ¿qué espacio realmente me queda para poder ejercer aquello a lo que me veo llamado? Sin embago, lo único que me puede salvar de no caer en la tentación de verlo todo inútil es mi actitud hacia la educación, hacia los demás. Valores como la integridad, la coherencia y la constancia permiten, una vez tras otra, poder contar contigo mismo y seguir convencido de que la educación es aquel pilar que realmente crea y desarrolla personas de verdad.

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