Diferencia entre prejuicio y estereotipo

Es muy frecuente confundir el significado de palabras que suelen tener cierta relación, aunque sus significados puedan ser, a veces, diametralmente diferentes. En el caso de la educación intercultural, los vocablos que mayor confusión producen son intercultural-multicultural y prejuicio-estereotipo. Hoy voy a intentar arrojar un poco de luz en estos dos últimos términos, pero no quiero hacerlo desde el punto de vista de una definición académica, sino desde el punto de vista de su aplicación en la vida diaria. En otras palabras, que muchos de nosotros, en muchas circunstancias solemos utilizar muy alegremente estas dos palabras aparentemente inofensivas, pero que son una auténtica arma de doble filo para crear aún más confusión en términos de tolerancia e identidad.

Yendo directamente al grano, un prejuicio es una idea aceptada como válida sin que medie un juicio, razonamiento o experiencia personal alguna. Además, tiene como principal característica la creencia que esa misma idea está aceptada por los demás, es decir, que es una verdad compartida. Por otra parte, los prejuicios son fáciles de establecer a la vez de difíciles de desmontar, y por si no fuera poco, también son fáciles de transmitir, ya que se propagan a través del efecto contagio.

Curiosamente, casi todas las personas tenemos algún que otro prejuicio, y a nivel psicológico, cuando vivimos una experiencia que contradice el prejuicio establecido, solemos vivir ésta como una excepción, siendo completamente incapaces, en la mayoría de las ocasiones, de poder modificar o eliminar el prejuicio.

El principal problema de tener prejuicios radica en que nuestra percepción de las diferencias culturales esta sesgada a lo que el perjuicio indica (en lo que en psicología se conoce como sesgo cognitivo), a aquellas ideas y creencias previas en las que, curiosamente, casi nunca a mediado juicio alguno. Las bases psicológicas en las que opera el prejuicio radican en nuestra necesidad de poder dar una interpretación a la realidad que vivimos. Dicha interpretación la damos a partir del conocimiento que hemos ido acumulando y que está a nuestro alcance. Como nuestro sistema cognitivo intenta dar sentido a todo aquello que nos acontece, es aquí precisamente donde se albergan los prejuicios y los estereotipos, y es por ello que son tan costosos de eliminar o mejorar una vez adquiridos. Como nuestra cognición necesita tanto de ese dar sentido los prejuicios suelen ser bien recibidos, ya que se confunden fácilmente como información útil para prevenir amenazas u otras experiencias que nos puedan dañar tanto físicamente como a nuestra autoestima.

Por otro lado tenemos los estereotipos, que no son más que prejuicios asociados al comportamiento de otros grupos de personas. El principal objetivo del estereotipo es la simplificación de la realidad mediante la percepción de una persona en base a las características del grupo en donde la encasillamos, o que por efecto contagio ha quedado encasillada. Si echamos un vistazo rápido a las bases psicológicas que promueven la necesidad humana de crear estereotipos, veremos que el núcleo de dicha necesidad es el hecho que nuestro sistema cognitivo tiende a la simplificación del grueso interminable de información social que constantemente estamos procesando (especialmente en el lado inconsciente). En otras palabras, el estereotipo actúa como un filtro que limita nuestra capacidad de percepción de las semejanzas y diferencias que percibimos en otras personas con el objetivo de no pensar. Como no podía ser poco, además, los estereotipos, al igual que los prejuicios, también operan al margen de la dimensión consciente, y es por ello que una vez adquiridos son tan difíciles de cambiar.

En conclusión, los prejuicios y estereotipos condicionan nuestra interacción con las personas, y son la principal caja fuerte de nuestro sistema cognitivo en donde se acaban albergando pensamientos que dan lugar a la intolerancia. Son filtros que nos hacen ciegos a otros significados y que tienen meramente una función de simplificación de nuestra interpretación del mundo social en el que vivimos. Las consecuencias son una limitación de nuestro campo de acción, desarrollo y crecimiento personal, puesto que actuamos en base a unas reglas que asumimos como verdades reveladas. Pero, ¿qué hacer para evitar esto? En los últimos 20 años se ha puesto mucho el acento en la realización de estudios rigurosos (ver los de Teresa Díaz-Aguado) en cuanto al por qué de estas pautas de pensamiento. Yendo a lo práctico, te puede resumir en los siguiente puntos qué hacer para evitar que en la educación de tus hijos puedan aparecer pensamientos que lleven a conductas basadas en la intolerancia, el racismo y la xenofobia:

  • Evita tú, como adulto, poner etiquetas.
  • Abre más tu mente a experiencias que permitan conocer otras culturas (especialmente las más próximas a tu contexto) y otras formas de interpretar el sentido de la vida.
  • Desmitifica, en la medida de que te sea posible, las falsas creencias sobre los otros colectivos como inmigrantes, personas de otras etnias o países. Un grave error que se comete casi a diario por parte de los padres es idealizar el comportamiento de las personas de tu mismo grupo social. En otras palabras, tendemos a auto-engañarnos creyendo que lo semejante en lo ‘bueno’ mientras que lo diferente es lo ‘malo’. Es una cuestión de aprender a ver a las personas, y no a los estereotipos. Hay personas mucho más que válidas en colectivos que actualmente tendemos a infravalorar por el simple hecho de querer verlas diferentes.
  • Los niños de la etapa de Educación Infantil aún no han entrado en la fase de las operaciones concretas de Piaget, es decir, aunque ven algunas diferencias en cuanto a la diferencias físicas y el género, su sistema cognitivo no atiende a categorizar a las personas, simplemente intentan adquirir conocimiento a través de las experiencias. Es por ello que entre los 2 y los 7 años es muy importante que demos ejemplo de conductas basadas en la tolerancia, en la seguridad que da el criterio de saber distinguir entre personas de carne y hueso de conceptos e ideas que pueden condicionar nuestros actos.

Como siempre, la educación temprana juega un papel muy importante en cómo los niños van a desarrollar sus creencias, actitudes y valores. Recuerda aquel dicho popular: somos aquello que respiramos cada día de nuestras vidas. Da a tus hijos una ambiente de igualdad y tolerancia y ellos crecerán siendo personas justas y tolerantes.

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