Del conductismo al constructivismo

Dos corrientes, dos formas muy diferentes de educar: el conductismo y el constructivismo. El primero aboga por indicar el camino; el segundo inspira a construirlo. En el primero el protagonismo recae más en la figura del maestro, el cual actua como transmisor de conocimiento; en el segundo el protagonista es el alumno y el rol del maestro es el de inspirar, moderar y organizar.  Sin lugar a dudas ambos con sus ventajas e inconvenientes, pero la pregunta que normalmente nos asalta como padres y docentes es: ¿cuál de los dos estilos es el más apropiado de acuerdo con mis necesidades? ¿Qué otros estilos existen? ¿Cuándo debo combinarlos?

Realmente hay opiniones para todo. La pedagogía más puntera se centra actualmente en el constructivismo como una forma práctica de poder implicar al alumno en su proceso de aprendizaje mediante el aprendizaje significativo. Sin embargo, incluso resultando ‘cool’ la expresión ‘aprendizaje significativ0’, éste no es fácil de conseguir. El constructivismo necesita de altas dosis de motivación por parte del alumno  y es el maestro el que se encarga, precisamente, de esta parte, aunque a ciertos niveles hay alumnos que ya se saben motivar solos (autoregulación), aunque no suele ser lo más habitual en nuestras aulas. Dicha motivación se consigue a partir de perseguir un logro que tenga interés para el alumno, que es lo que constituye el citado aprendizaje significativo. Pero, aunque a veces conseguimos acertar en la diana y conseguimos un tema que motiva a un alumno a realizar un proyecto, actividad o tarea, no siempre vamos a tener a cada momento tantas ideas que muevan a nuestros alumnos con la facilidad que se mueven cuando realmente acertamos en algunos de los temas que les interesa.

Por otra parte, es paradójico, pero la mayoría de libros de pedagogía que han pasado por mis manos dan por entendido que el aprendizaje significativo es de aplicación global a toda la clase. En otras palabras, que si encuentro un tema motivante, éste lo será para todos los alumnos de clase, o al menos para una basta mayoría. Realmente, en la práctica, ésto no suele suceder con demasiada frecuencia, y el motivo es que no todos los alumnos comparten las mismos gustos, especialmente en aula multiculturales.

Por tanto, a pesar que el conductismo esté ‘pasado de moda’, éste nos puede ser útil para cuando se nos acaban las ideas en el plano constructivista. Dicho de otra forma, conducir a los alumnos de vez en cuando es tan positivo como dejarles construir su propio conocimiento. Por tanto, para la próxima vez que se nos vuelva a plantear la duda sobre qué estilo es mejor, yo ya tango clara la respuesta: ambos, cuando los combinamos adecuadamente.

 

 

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