La autoeficacia

Desde siempre me he interesado por aprender más acerca de cómo los seres humanos construimos nuestra visión del mundo, de cómo entendemos la realidad y le damos significado a las cosas. De forma más o menos intuitiva, a través del sentido común, nos podemos hacer una idea de que el contexto cultural en donde nos desarrollamos, y más especialmente en aquel en donde crecimos durante nuestra infancia, nos afecta de forma determinante en cómo vamos a relacionarnos e interpretar el mundo.

Hace poco tiempo, y con motivo del estudio de una asignatura en donde se trata a fondo la interculturalidad como forma de afrontar los retos educativos de este ya no tan nuevo siglo, cayó en mis manos la tesis doctoral de Adriana Márquez Martínez, titulada Clima social y autoeficacia percibida en estudiantes inmigrantes: una propuesta interculturalen donde la investigadora presenta el concepto de autoeficacia (páginas 158-160). En pocas palabras, el ser humano necesita construir lo que Márquez llama un punto de referencia sobre el cual apoyar nuestras expectativas.

Dicho punto de referencia se construye a partir del nivel de confianza que tiene la propia persona con respecto a sus propias capacidades (también llamado autoeficacia percibida). Es más, de acuerdo con Márquez, dichas capacidades son una estimación que el propio individuo calcula en base a parámetros como su conducta, su actitud ante las cosas, el sistema social en el que se inscribe y sus creencias. La síntesis que Bandura y Wertsch no lo puede explicar mejor: el ser humano es producto de su contexto sociocultural y de su construcción cognitiva de la realidad (como se cita en Márquez, 2004:159).

Este contexto social – en palabras de académico canadiense Albert Bandura – es la cuna de nuestras posibles experiencias y que por las cuales elaboraremos nuestra visión particular del mundo, además de ser las que también sirven como base para definir y posicionar nuestras actitudes, predisposiciones y comportamientos ante nuestra comunidad, sistema social o sociedad.

En definitiva, la estimación que hacemos acerca de nuestras capacidades es producto de las influencias culturales en las que hemos estado viviendo nuestras propias experiencias. Cada cultura tienen formas diferentes de afrontar los retos de la vida, como la supervivencia, la felicidad, el peligro, lo ‘bueno’ y lo ‘malo’, y así un largo etcétera.

En conclusión, no podemos considerar nunca un único punto de vista para poder entender el mundo, ya que en muchas otras sociedades los retos y las experiencias de la vida se viven de otra forma. Para poder extraer conjeturas, primero de todo no hemos de juzgar con los ojos del etnocentrismo, es decir, considerando únicamente los parámetros interpretativos de nuestra cultura, ya que dichas claves no serán válidas para poder hacernos a la idea del verdadero sentido de las cosas en otro contexto. Es más, para poder entender otra cultura, hemos de zambullirnos en ella, vivirla y entenderla desde dentro. En este caso, relativizar (teoría del relativismo cultural) nos hará darnos cuenta que muchas de las cosas que no entendemos del mundo actual también se debe a cómo de acostumbrados estamos a mirar con los ojos de nuestra cultura.

Márquez, A. 2004 ‘Clima social y autoeficacia percibida en estudiantes inmigrantes: una propuesta intercultural‘:Universidad Complutense de Madrid, Madrid.

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