El desarrollo cognitivo (I): Piaget

Básicamente en las carreras de magisterio se suelen considerar las tres corrientes clásicas del desarrollo cognitivo, a saber: la de Piaget, centrada en la interacción del niño o niña con el mundo; la de Vygotsky, que a diferencia de Piaget se centra en la interacción social del niño y la de Bruner, en donde se define el concepto de scaffolding o andamiaje educativo.

Como cada una de estas teorías tiene sus particularidades, voy a dedicar un post a cada una de ellas. Hoy comenzaré con Piaget, ya que normalmente se configura como la base para entender las principales particularidades del desarrollo cognitivo, a la vez que también se constituye como el principal referente para comparar las otras dos teorías. Con esto no quiero insinuar que la teoría de Piaget sea ni más ni menos importante que la de Vygotsky o Bruner, pero a mi juicio, creo que se entenderá mejor si utilizamos la teoría de Piaget como referente en la cual explicar y comparar las otras dos.

En primer lugar, la teoría de Piaget se centra en el hecho que todo proceso de aprendizaje de cualquier niño o niña se ve influenciado por la interacción de estos con el mundo que los rodea. Hay que matizar que esta interacción se centra en los objetos y que no se considera como primordial la interacción con las personas (como sí lo considera la teoría de Vygotsky). Por tanto, podemos afirmar que para Piaget la acción es la base el aprendizaje y por ende, la base del desarrollo cognitivo del propio sujeto.

Dicho aprendizaje tiene las siguientes características:

  • No es un aprendizaje innato ni nace de la imitación.
  • Dicho aprendizaje es construido de manera activa por el niño como respuesta a un estímulo concreto o por una necesidad ambiental.

Como podemos ver, la teoría de Piaget es completamente constructivista, es decir, el conocimiento es construido por el sujeto a través de su experiencia personal interactuando con los objetos.

Piaget también afirma que dicha motivación por la acción viene dada por el hecho de que nacemos con la capacidad y necesidad de adaptarnos al medio en el que nos desarrollamos. Para dicha adaptación, Piaget diferencia entre dos procesos adaptativos específicos: la asimilación y la acomodación. La principal diferencia entre estos dos procesos es que el primero de ellos no genera, por así decirlo, cambios en la estructura cognitiva del niño: un caballo sigue siendo un caballo aunque se puedan apreciar diferentes estaturas, colores e incluso razas. Sin embargo, el segundo sí que produce cambios en dicha estructura: una zebra es vista como un caballo con rayas dadas las semejanzas entre ambos animales, pero en el momento que el niño o niña toma conciencia de que ese caballo con rayas no es un caballo, sino una zebra, entonces se produce un cambio: se incorpora la nueva representación a la estructura cognitiva, produciendo un cambio en el conocimiento anteriormente asimilado y se acomoda éste para futuras interacciones o para su uso en los diferentes procesos de pensamiento (como por ejemplo la memoria de la zebra para ser ésta dibujada por el niño en un momento posterior).

Además, como punto estrella en la teoría del Piaget, éste diferencia cuatro etapas específicas en el desarrollo del pensamiento:

  • Etapa sensioromotora (de 0 a 2 años): en donde el niño aprende a distinguirse del resto de objetos y se reconoce a sí mismo como agente activo. Actua con la intención de conseguir algo, como por ejemplo hacer ruido con un objeto. Además, al final de esta última etapa, el niño ya es capaz de entender que los objetos persisten aunque él esté ausente.
  • Etapa pre-operacional (de 2 a 7 años): en esta etapa los niños y niñas desarrollan el lenguaje (lengua o lenguas maternas). Además son capaces de realizar representaciones de objetos a través de imágenes y palabras. El núcleo de su pensamiento continua siendo egocéntrico (no ven otros puntos de vista que no sean el suyo) aunque empiezan a interiorizarlo a través del lenguaje. Como característica más pragmática de esta etapa destaca el juego simbólico, el cual les permite reproducir situaciones por imitación o imaginadas, estimulando así la capacidad creativa que suele ser muy abundante en esta fase del desarrollo del pensamiento. Aún así, suelen centrarse en una única dimensión de los objetos (normalmente es el aspecto más fácil de entender y no tiene porque ser éste ni el más significativo ni el más representativo del objeto). Suelen centrarse más en estados que en procesos, es decir, no son capaces de ver con claridad las transformaciones, solo ven el estado inicial y el estado final sin ser capaces de distinguir partes del proceso de transformación.
  • Etapa de las operaciones concretas (de 7 a 11 años): en esta etapa aparece el pensamiento lógico. Se fijan en más dimensiones de los objetos y desarrollan el sentido de la reversibilidad (es decir, pueden ver los procesos y no únicamente los cambios de estado).
  • Etapa de las operaciones formales (desde la adolescencia hasta la fase adulta): es en donde se desarrolla el pensamiento abstracto, la capacidad deductiva y la formulación de hipótesis.

Finalmente, la teoría de Piaget enfatiza la diferenciación del desarrollo y el aprendizaje. El desarrollo se concibe como un proceso espontáneo, propio del individuo y en consonancia con diferentes dimensiones de raíz puramente psico-biológica, mientras que el aprendizaje es un proceso continuamente afectado por diferentes actores externos al propio individuo. A todo esto, podemos afirmar que conocer los aspectos del desarrollo de un niño nos ayudaría a explicar su aprendizaje, pero no al reves: no podemos explicar el desarrollo de un niño como una acumulación de experiencias de aprendizaje, ya que dicho desarrollo abarca más dimensiones que únicamente la cognitiva (como por ejemplo el desarrollo y maduración de diferentes elementos del organismo que permiten obtener nuevas capacidades: piernas más largas, manos más fuertes, mayor precisión táctil, perfeccionamiento ojo-mano, …).

En conclusión, la teoría de Piaget nos habla de la experiencia con el mundo para poder construir conocimiento. Cuando verdaderamente queremos conocer algo, tenemos que ser capaces de actuar sobre el objeto de conocimiento, modificarlo y utilizarlo, y no únicamente observarlo. Es decir, no se debe limitar la experiencia a hacer únicamente una imagen mental de éste. La acción interiorizada que nos permite actuar sobre el objeto nos permite construir conocimiento significativo, por lo tanto, es aquel conocimiento que persiste en mayor grado que aquel otro que nace únicamente de la mera reproducción o representación (como por ejemplo las descripciones sobre las capacidades de un determinado objeto al que no podemos acceder para poder utilizarlo y observar sus verdaderas capacidades).

 

 

 

 

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