Aquellos libros que no leí: el efecto Robinson y la literatura universal juvenil

En muchas ocasiones recuerdo aquellos libros que en mi adolescencia no leí. La verdad es que fue una verdadera lástima, pues se dice que una vez perdida la inocencia y habiendo pasado la adolescencia estos parecen haber perdido su magia. Sin embargo, no siempre es así; de hecho no es así.

Actualmente estoy leyendo como libro inciso uno de esos libros que por circunstancias que no recuerdo muy bien no pude o no quise leer en su día: se trata de Robinson Crusoe de Daniel Defoe. A todo esto, aprovecho para aclarar que para los que no sepáis qué es un libro inciso, se trata de aquel libro que por algún motivo te engancha y lo empiezas a leer sin haber acabado antes el que actualmente estas leyendo, y que para cuando lo acabas, continuas con el que habías dejado previamente. Por norma general los libros inciso no suelen ser muy extensos, sino más bien textos o narraciones breves que te permiten hacer un paréntesis en el libro principal que estas leyendo. Además, no necesariamente tienes porqué dejar totalmente la lectura del libro principal, sino que existen varias modalidades para leer un libro inciso, como por ejemplo dividir el tiempo de dedicación a la lectura entre el libro principal y el libro inciso (este suele ser mi caso).

Pero volviendo al tema que nos acontece en este post, el caso es que no puedo dejar de ver una componente filosófica importante en la obra magna de Defoe: aparecen diferentes escenarios a lo largo de la obra que presentan dilemas morales cuya resolución expresa el rechazo del autor a los convencionalismos sociales de la época (perfectamente aplicables a la nuestra), como es el caso de la ambivalencia del protagonista ante hacer aquello que se espera de él de acuerdo a su estatus social, o bien arriesgarse a vivir la vida tal y como él cree que la ha de vivir: este hecho intenta expresar el dilema entre perseguir tus metas, lo que significa que posiblemente tendrás que asumir de riesgos e incertidumbres, o bien aceptar una vida más acomodada y segura, pero seguramente muy alejada de permitirte realizar tus sueños. En cualquier caso, es muy posible que este detalle (y unos tantos otros a lo largo de la narración) no hubiese sido capaz de apreciarlo cuando tenia tan sólo 13 años, y de aquí la importancia de leerlo o releerlo en etapas posteriores de la vida para poder llegar a ver a través de los ojos de la experiencia ese trasfondo que podría pasar desapercibido en etapas más tempranas de la misma.

Por otra parte, muchas de las reflexiones que hace el protagonista a lo largo de la obra son perfectamente extrapolables a muchos de los conflictos morales y sociales de la vida actual: por poner un ejemplo, aunque en las ciudades se vive rodeado de personas, la soledad de Robinson en la isla que describe Defoe es equiparable a la incomunicación que muchas personas viven hoy en día provocada por el efecto bloqueante de las llamadas telefónicas, correos, redes sociales, televisión, …, momento a momento, día tras día.

Otra característica importante a señalar es que la soledad puede volvernos locos, pero también puede ser la llave que abre las puertas a nuestro mundo interior; la luz a cuya ampara nos lleva a conocernos mejor, sobre todo en cuanto a cómo vamos a reaccionar ante la adversidad, de qué madera está hecha nuestra alma y cómo de hábiles podemos llegar a ser para sobrevivir en un mundo hostil. A Robinson le toco una isla desierta; a nosotros nos toca una sociedad en la que se vive una vida acelerada en la que no faltan canales para enviarnos mensajes de todo tipo, pero en la que no parece que haya una autentica comunicación.

En conclusión, en nuestro decálogo de buenas prácticas para maestros hemos de considerar leer o releer los clásicos de la literatura universal juvenil para poder llevar a las aulas la ilusión por descubrir las similitudes que hay entre nuestra época y las pasadas, descubriendo que en el fondo, como seres humanos no hemos cambiado tanto a pesar de los medios tecnológicos de los que hoy disponemos.

Para acabar, déjame recomendarte una breve lista de títulos que considero que todo maestro debería de tener presente en su programación de lengua: Ivanhoe (Walter Scott), Robinson Crusoe (Daniel Defoe), Rookwood -Dick Turpin ( William Harrison Ainsworth), A Christmas Carol Canción de Navidad (Charles Dickens), La isla del tesoro (Robert Louis Stevenson), Moby Dick (Herman Melville), Corazón (Edmundo de Amicis). Obviamente no son todas las obras existentes, por eso te invito a que la completes y la compartas aquí, en este blog, y entre otros docentes, educadores y con todas aquellas personas interesadas en la difusión y fomento de la lectura entre los más jóvenes.

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