¿Por qué las familias han de tener un proyecto educativo?

Una moda que se instauró hace ya unos años, especialmente en la etapa pre-escolar y de Educación Infantil, es la de consultar el Proyecto Educativo de Centro (también conocido como PEC) y utilizarlo como variable para determinar si determinado centro educativo concuerda o no con los intereses formativos que más o menos los padres hemos ido elaborando a base de consultar a otros padres, búsquedas en Internet y otros referentes como las experiencias de otros familias, parientes o vecinos.

El caso es que normalmente se suele, por una parte, sobrevalorar el PEC hasta tal punto que puede llegar ser, en casos extremos, la única variable a considerar por parte de los padres o tutores para decidir finalmente si el niño o niña se matriculará en uno u otro centro, mientas que por otra parte, hay familias que ignoran completamente la existencia del mismo o simplemente no le dan absoluta importancia.

Como se suele decir, las posturas extremas no suelen ser las más acertadas, así que, desde mi punto de vista, se hace cada vez más necesaria la toma de conciencia sobre qué es realmente un proyecto educativo para darle el valor que se merece, ni de más ni de menos. Para ello se hace necesario distinguir, por lo menos, qué tipos de proyectos hay, qué dimensiones abarcan y qué objetivos persiguen, pero sobre todo, llegar a comprender por qué es tan importante que las familias tengan uno.

Tradicionalmente, el proyecto educativo se concibe como algo puramente académico, especialmente de las instituciones escolares, dejando a la familia únicamente como espectadora del hecho educativo que comporta el citado proyecto en la educación académica de sus hijos. Sin embargo, es muy importante tener en cuenta que un proyecto educativo se caracteriza por tener una serie de elementos que lo particularizan y lo definen. De todos estos elementos y características, yo me quedaría, especialmente, con los siguientes, dada su especial relevancia y practicidad en el momento de plantearnos si nos gusta o no el PEC de un determinado centro escolar:

  • La declaración de intenciones
  • El alcance
  • La sistematización

Insisto en que existen más características además de estas, pero las que acabo de enumerar son las que más relevancia y practicidad tienen para los padres, ya que, además, su conocimiento permite poder crear tu propio Proyecto Educativo Familiar (PEF), que es la cuestión central de este post.

En primer lugar, la declaración de intenciones es fundamental en todo proyecto. El centro manifiesta aquí qué pretende conseguir con la educación-formación que se llevara a cabo en sus aulas. Un error habitual es hacer una interpretación de cuáles son las intenciones del centro a través de lo que se observa con el desarrollo y aplicación de las unidades didácticas, especialmente a través de las actividades que éstas contienen, en vez de consultar directamente el manifiesto del proyecto educativo. Por cierto, normalmente un centro escolar no ha de poner impedimentos a que los padres consulten directamente, o por medio del AMPA, el PEC. En conclusión, la declaración de intenciones sienta las bases de cómo se pretende llevar a cabo la acción pedagógica; se trata de un manifiesto del equipo docente en donde estos dejan por escrito los valores educativos que persiguen con su pràctica académica. Por ejemplo, un centro puede orientar su formación desde la perspectiva del crecimiento personal de sus alumnos mediante la educación en valores y el desarrollo de la inteligencia emocional, mientras que otro centro puede estructurar su programa formativo en la adquisición y desarrollo de habilidades en conocimientos tecnológicos. Ambos centros tendrán que desarrollar el currículum oficial que la ley correspondiente fije por decreto en aquel momento, pero la forma de llevarlo a cabo puede ser diametralmente diferente.

En segundo lugar, el alcance hace referencia al nivel del profundidad o de implantación al que se pretende llegar con respecto a las intenciones declaradas. Por ejemplo, el alcance de una educación basada en la inteligencia emocional puede centrarse únicamente en el reconocimiento de emociones (nivel de implantación) o bien considerar las cinco dimensiones con las que normalmente los programas de inteligencia emocional se estructuran. Ahora bien, el grado de profundidad, ya sea en un caso u otro, puede ser mayor o menor. En otras palabras, y siguiendo con el ejemplo expuesto: no porque se traten más dimensiones el proyecto educativo será mejor, ya que hay que tener en cuenta a qué nivel de profundidad se tiene la intención de llevar a la práctica.

Por otra parte, la sistematización hace referencia a cómo se van a llevar a cabo las intenciones declaradas. No es una metodología propiamente dicha, sinó más bien el cómo se pretende organizar las diferentes acciones educativas. No hay que confundirla con la programación, ya que ésta última hace referencia a cómo se van a secuenciar las actividades de una determinada unidad didáctica (más bien conocida en la jerga escolar como ‘programación corta’) o cómo se van a temporalizar las diferentes unidades didácticas durante el curso académico (también conocida como ‘programación larga’). En resumen, la sistematización hace referencia a con qué fin vamos a organizar los recursos para conseguir materializar las intenciones.

Finalmente, ahora que conocemos estos tres ingredientes un poco más de cerca, es más fácil poder entrever que cada familia ha de tener un cierto planteamiento de qué quiere para sus hijos en términos educativos, es decir, qué se pretende conseguir con la educación de la unidad familiar. Si a estas intenciones les sumamos un alcance, es decir, en qué grado se quiere conseguir materializar dichas intenciones y cómo vamos a organizar u orquestrar los diferentes recursos a nuestro alcance (actividades extraescolares, voluntariados, acciones solidarias, …), lo que se está consiguiendo es la definición central de un Proyecto Educativo Familiar (PEF).

En conclusión, tener claro qué se quiere para nuestros hijos es de vital importancia para evitar luego tener que improvisar y acogernos únicamente a los deseos o modas del momento. El PEF nos ayuda a reflexionar sobre aquello que deseamos o que más nos conviene de acuerdo a unos ideales de vida (no a unos objetivos). También es importante tener flexibilidad en la confección del PEF, ya que muchas veces no acertaremos a la primera y tendremos que reorganizar las preferencias del mismo: los niños experimentan muchos cambios, así que si un niño o niña empezó en la escuela municipal de música porque a nosotros nos parecía que tenía talento para ello, puede resultar que a los siete años (uno de los periodos estándar de cambios sensitivos más importantes durante la infancia) su motivación pase a ser el judo o la danza, entre muchos otros ejemplos. Aquí es en donde los padres han de realizar una labor importante de reflexión y análisis y decidir en base a los resultados obtenidos hasta el momento – resultados más relacionados con el crecimiento personal, social, bienestar y madurez psicológica de la niña o niño que no productivos en términos de logros. No es fácil diseñar un proyecto educativo, pero merece la pena intentarlo ya que marca un horizonte, un camino a seguir y un motivo más por el que crecer y superarse.

 

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