El lenguaje adaptado

Para cada situación utilizamos un registro lingüístico concreto para ajustarnos al contexto en el que se desenvuelve la situación comunicativa. Por citar un ejemplo, tenemos el registro estándar, que es el que se utiliza principalmente en los medios de comunicación y tiene por objeto que cualquier hablante de esa lengua no tenga dificultades de comprensión oral al suponerse una ausencia de interferencias dialectales (acentos, léxico regional, etc). Con la ciencia pasa algo parecido. El lenguaje científico puede resultar, y de hecho resulta, una traba a la comprensión de la idea que se quiere comunicar si no eres un científico o alguien ya habituado a ese tipo de lenguaje. Esto es debido a que utiliza un léxico muy sofisticado para nombrar determinados fenómenos, instrumentos y otros muchos elementos. Considerando este hecho nos podemos plantear la siguiente pregunta: ¿cómo podemos enseñar ciencia a nuestros alumnos si el propio lenguaje es ya un impedimento? La respuesta la encontramos en el conjunto de recursos que nos brinda la estrategia que lleva por nombre lenguaje adaptado.

El lenguaje adaptado pretende acercar al alumno a las ideas científicas por medio de analogías, metáforas, símiles y transposiciones. Dicho lenguaje se considera el propio de lo que llamamos ciencia escolar, que no es más que la ciencia que hacemos en la escuela y que debe estar perfectamente alineada con las necesidades cognitivas y el grado de madurez de nuestros alumnos. Vamos a ver en que consiste cada una de las estrategias que conforman el lenguaje adaptado.

La analogía: es una comparación lógica que se realiza entre dos conceptos, objetos o fenómenos. Su naturaleza es inductiva, esto quiere decir que a través de una relación-causa se obtiene la relación-efecto, que es aquello que se pretende esclarecer. Como ejemplos tenemos: la televisión es a mirar como la radio es a escuchar; el hambre es a comida como la sed a bebida; lana es a oveja.

La metáfora: es un recurso que nos permite enunciar una realidad, concepto o fenómeno por medio de otro más conocido y cercano. La metáfora suele ser un recurso habitual en nuestra forma de expresarnos en el día a día y se ha consolidado históricamente como un medio de expresión, especialmente en el lenguaje literario. Pero también ha tenido y tiene una utilidad muy importante en la ciencia. De hecho, Newton definió la gravedad por medio de una metáfora: la de la atracción entre dos personas. De igual manera lo hizo Darwin con el árbol de la evolución. Algunos ejemplos de metáforas son: el calor que abrasa; los deberes son un infierno porque mi maestro es un ogro; ese coche cuesta un ojo de la cara; el ADN es el código de la vida. Como podéis ver, el significante ocupa el lugar de la cosa referida. Tal como estableció Piaget: ‘la metáfora es una función simbólica porque usa significantes para referenciar significados‘.

El símil: es el recurso más utilizado ya que resulta muy útil para la transmisión de una cualidad de algo a otra cosa que también la tiene pero que no resulta tan evidente. Básicamente, la idea es hacer más elocuente una idea, concepto, propiedad o fenómeno utilizando el conocimiento ya adquirido y que se ha observado previamente en otras circunstancias o elementos. La clave para identificar un símil está en detectar el nexo comparativo, que suele ser: ‘como’, ‘cual’, ‘igual que’, ‘semejante a’, ‘tan’. Algunos ejemplos son: frío como un témpano; rápido como el viento; el árbol es la casa de los pájaros; sus manos son suaves como el terciopelo.

La transposición: sirve principalmente para acercar principalmente medidas a valores más cercanos y comprensibles a nuestros alumnos, ya sea porque tratamos con magnitudes muy grandes (por ejemplo: millones de litros de agua) o bien muy pequeñas (por ejemplo: tamaño de los orgánulos celulares). La idea es aplicar un factor de conversión que permita acercar la realidad al alumno en términos que sean comprensibles para él.

En conclusión, todos estas estrategias tienen por objetivo facilitar la comprensión de un concepto, idea, fenómeno u objeto. Por esta razón es muy importante asegurarse que no se interioriza el recurso es sí como una verdad en vez del concepto que pretende aclarar. De la misma forma, estas estrategias serán tan efectivas como tan próximos y familiares sean a los alumnos los conceptos y realidades que se utilizan para llegar al otro que es el desconocido.

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