¿Cómo se aprende a escribir?

Con mucha frecuencia caemos en la tentación de considerar la escritura como una combinación entre experiencia, inspiración y arte. Por el contrario, también llegamos a creer que puede llegar a ser un proceso mecánico, industrializado, en el que el uso de patrones discursivos y figuras retóricas permiten construir un texto al igual que una casa prefabricada. Pero la experiencia, y sobre todo las evidencias, nos confirman lo contrario. Por citar algunos ejemplos al respecto: la falta de estructura y coherencia en los artículos de prensa junto con la precariedad lingüística de los documentos de las organizaciones,  administraciones públicas y publicaciones digitales de toda índole acaban por crear contenido textual de baja calidad que se agrava con su  publicación y difusión a través de Internet. Éste hecho, con el tiempo, acaba provocando un efecto dominó al ser estos textos tomados como referentes del cómo escribir un redactado en un determinado género. En este post inaugural del blog vamos a reflexionar y criticar constructivamente el capítulo ‘Cómo se aprende a escribir‘ del libro de Daniel Cassany ‘Describir el escribir’. Personalmente desconocía la existencia de este libro  – como la de muchos otros – y solo he tenido (de momento) la oportunidad de leer el capítulo citado. Aún así, las ideas expuestas a lo largo del mismo merecen, sin lugar a dudas, tenerlas en cuenta en nuestro discurso docente, ya que buena parte de las conclusiones que nos plantea el autor parten de estudios formales basados en la comprobación empírica de actitudes ante el hecho de escribir, tomando como objeto de estudio a personas de diferentes edades y perfiles.

En primer lugar, Cassany se centra en la idea de que existen unas estrategias básicas para trabajar la elaboración de un texto, las cuales se centran en conseguir los siguientes objetivos: orden en la exposición de ideas, coherencia textual y riqueza léxica. Estas características son consideradas generalmente como las imprescindibles para poder considerar un texto como merecedor de nuestro tiempo para ser leído. Sin embargo, en ningún momento Cassany parece poner énfasis en el hecho de que estas características estén fuertemente ligadas al tipo de texto que se va a producir. Por poner un ejemplo: el desarrollo de una narración requiere de elementos propios de éste genero que ayudan a crear un atmósfera que atraiga la atención del lector y lo motive para seguir leyendo. Obviamente no utilizaremos estos recursos en la redacción de un informe de laboratorio de la misma forma que solo con el orden de ideas, la coherencia y la riqueza léxica no tendremos suficiente para escribir una novela.

En segundo lugar, el autor establece tres categorías para clasificar las estrategias para escribir:

  • Las de composición
  • Las de apoyo
  • Los datos complementarios

Las primeras son las que reúnen el corpus esencial del método que nos propone Cassani además de ser las más utilizadas, consciente o inconscientemente, por la mayoría de escritores, aunque no siempre en el nivel de exigencia que se espera de cada una de ellas. Éstas son las siguientes:

  • Conciencia de los lectores, es decir, saber a qué audiencia nos dirigimos para tenerla presente durante la elaboración del texto. No es lo mismo dirigirnos a nuestros compañeros de aula que al director del centro o a una autoridad pública. Por tanto, esta condición se mantendrá siempre a lo largo del ciclo de vida en la producción del manuscrito.
  • Planificar la estructura del texto. Esta parte es también muy importante y requiere de un esfuerzo extra, sobre todo para los escritores más noveles. El símil lo podemos encontrar fácilmente con los bocetos que hacemos en las clases de Expresión Plástica y Visual, especialmente en los cursos más avanzados de Primaria: antes de ponernos a dibujar realizamos un proceso de visualización de aquello que queremos representar para continuar con una estructuración basada en polígonos que nos permita hacer el encaje de la obra. Pues la planificación del texto es exactamente lo mismo pero en el lenguaje textual. Tenemos que organizar todos los elementos que vamos a utilizar para expresar nuestras ideas de la forma más clara y concisa posible y así avanzar hasta conseguir un primer borrador. A partir de aquí, el proceso de construcción sigue su curso en base a esta estructura, la cual permitirá el desarrollo de las ideas, la incorporación de nuevas y matizar sobre los puntos que consideremos oportunos.
  • Releer. Estoy de acuerdo con el autor que un aspecto vital para la calidad del texto producido es su revisión y para ello es vital releer el texto tantas veces como sea necesario hasta conseguir el resultado que más satisfechos nos deje. Esto no quiere decir que el proceso de relectura se tenga que hacer forzosamente una vez concluido el borrador, sino que se debe hacer frase por frase, parágrafo por parágrafo, incluso antes de su ubicación definitiva dentro de la estructura del documento.
  • Corregir la cual está estrechamente ligada a la relectura del texto. Ésta es, según mi experiencia, una de las partes más oscuras en la elaboración de un escrito y es debido al hecho que como no se relee el texto, se pierden las oportunidades para la autocrítica y aplicar, en consecuencia, las correcciones que consideremos oportunas. Cassany también argumenta que el miedo o descuido al corregir es una de las primeras causas en la caída sustancial de la calidad de un texto. Entre otros, los aspectos a tener en cuenta en la corrección son los siguientes: el desarrollo de ideas, la definición final del contenido textual y aplicar las correcciones lingüísticas para mejorar tanto la ortografía como la expresión, estilo y organización del contenido.
  • La recursividad. Básicamente esta estrategia actúa de organizador de las anteriores estrategias en el sentido que no se debe contemplar el proceso de elaboración de un texto como una actividad lineal, sino que es muy importante pararse para releer, pensar, corregir, introducir nuevas ideas y reconstruir el borrador. Todo ello siempre a medida que vamos avanzando en el proceso de construcción del texto escrito. En definitiva, se trata de iterar e incrementar el valor del texto en términos lingüísticos con el objetivo de evitar darnos cuenta de algún fiasco justo antes de acabar la redacción final del último borrador y así actuar a tiempo para corregir la desviación.

Finalmente, las dos categorías restantes que nos propone Cassani las encuentro redundantes. El autor pone énfasis en el uso de fuentes externas de consulta y apoyo para poder solventar los diferentes tipos de problemas que nos podemos encontrar en el texto. Sin embargo, yo no considero que acudir a la gramática de la lengua  en la que escribimos el texto sea una estrategia, sino más bien un recurso que todo aspirante a escritor o productor textual ha de tener en cuenta y a su alcance. Por poner un ejemplo, en la elaboración de este post he consultado varias veces el DRAE en su versión online y no lo he percibido como una estrategia, sino más bien como una necesidad que he resulto mediante un recurso en linea. No obstante, sí que encuentro muy interesante el hecho de hacer esquemas a partir del borrador para que nos ayude a detectar los posibles problemas que el lector se encontrará. Esto sí que lo considero una buena estrategia (está dentro de las que considera como datos complementarios) ya que nos permite ponernos en el lado de la audiencia y contemplar que ofrece nuestro texto. Vale la pena decir que también hemos de hacer una lectura y un esquema objetivo y evitar los vicios en el que un escritor puede caer. A tal efecto, Cassany no dice nada de la técnica de revisión por pares, muy útil precisamente para evitar el efecto ‘ojos ciegos’ que suele acontecer al escritor una vez tiene finalizado un borrador y que es de uso muy extendido sobre todo entre traductores.

En conclusión, recomiendo la lectura de éste capítulo ya que nos incita a reflexionar si realmente nosotros como docentes estamos predicando con el ejemplo o solo nos limitamos a cantar recetas y a pedir a nuestros discentes lo que a nosotros mismos no nos aplicamos. Aún así, considero que Cassany se ha dejado la parte más importante que es la de cómo activar la creatividad textual, cómo nos afecta la motivación intrínseca e extrínseca en el momento de emprender la redacción de un texto y las influencias características del género en el cual se clasifica nuestra obra.

Para concluir me gustaría dejar un ejemplo de actividad de expresión escrita que se puede trabajar perfectamente en una aula de Primaria. Es muy sencilla y no requiere de recursos ni de logística fuera del alcance de lo que habitualmente solemos contar hoy en día en una aula convencional:

  1. Seleccionar un tema acorde con el contenido vital de los alumnos de la clase (el contenido vital es aquello que es parte de sus intereses actuales, como por ejemplo el videojuego de moda, la música que les gusta, etc.).
  2. Buscar vídeos acordes con el tema elegido en YouTube, Viemo o cualquier otra red social basada en publicación audiovisual.
  3. Una vez seleccionado el vídeo  – la duración del mismo no puede ser ni excesivamente corta ni demasiado larga – guardamos el enlace y lo añadimos a la lista de recursos y materiales de la unidad didáctica.
  4. Visualizar el vídeo en clase, en donde los alumnos podrán tomar notas sobre las ideas clave que han detectado, las emociones e impresiones que les ha causado el vídeo y todo aquello que consideren importante sobre el mismo.
  5. Una vez visualizado el vídeo, cada alumno redactará un resumen del mismo que no superará un número concreto de palabras o líneas. Esta extensión máxima será fijada por el maestro teniendo en cuenta el grado de madurez de la clase. En éste resumen se debe incluir las ideas esenciales del tema y las diferentes impresiones obtenidas, así como una breve opinión personal.
  6. Una vez acabada la redacción de los mismos, los diferentes resúmenes se repartirán entre los alumnos de la clase de forma que nadie disponga de su propio texto. La idea es que cada alumno deberá realizar la revisión del redactado producido por su compañero. En la hoja del resumen deberá constar tanto el nombre del alumno que ha producido el texto como el que lo ha revisado.
  7. Una vez acabada la revisión, se volverán a repartir los textos entre los alumnos para que estos evalúen y propongan una valoración recomendada para el docente.
  8. Finalmente, el docente realizará la evaluación final en base a las aportaciones realizadas por la revisión y propuesta de puntuación realizada por sus alumnos.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s